[Yo que había comenzado súper bien la semana, siendo una buena niña, tenía preparadas entradas de antemano y pasó lo peor, me falló mi internet caribeño, y como acá la gente es taaaaan calmada lo arreglaron recién hoy, así que aquí vamos!]
Toda mi infancia –muy feliz por cierto- quise muchas cosas, juguetes, mascotas, libros, dulces, paseos, entre otros, pero nunca quise ropa, claro está que había ropa que me gustaba más que otra (amaba mi chaleco de la pantera rosa y odiaba con todo mi corazón el vestido damasco con vuelos que mi madre insistía en ponerme a cuanto cumpleaños me invitaban), pero deseo por la ropa no.
Pero existía cierta prenda que me volvía loca, desde que tengo memoria yo solo quería tener una chaqueta de jeans, soñaba con una, yo creo que era una mezcla de creerme lola (así llamábamos –y jugábamos- las niñas de mi calle a las chicas más grandes) y de que mi papá tenía una Wrangler que me encantaba, yo quería, soñaba y anhelaba una clásica chaqueta de jeans azulita con botones. Pasaba horas fantaseando con ella, su color, sus botones, con que me la pondría (definitivamente no con el horrible vestido damasco) y que dirían mis amigos al verme con ella, lo más probable es que me dijeran que me veía como una lola grande, ya madura, diferente…
Cierta vez con mi papá hice un trato, el cual no recuerdo pero lo más probable era que ordenara mi pieza todos los días o que me peinara o algo por el estilo, y él me regalaba la chaqueta que yo quería. Obviamente no entendí bien el trato, quizás trate de hacer trampa o simplemente pensé que mi papá a pesar de no cumplirlo me la regalaría igual, pero no, no ocurrió. Mi padre me debe haber dicho algo así “esto es mas difícil para mí que para ti, y no te la regalo porque no cumpliste tu parte del trato y esto te servirá para ser mejor persona, para tu futuro y blablablá” cosas de papá. Así que por floja me quedé sin mi mayor sueño, pero ya llegaría el día que yo pudiera comprármela con mi propio dinero, aunque me costara juntarlo.
Y ese día llegó, cuando cumplí 15 decidí que ya había llegado el día, comencé a juntar plata (a esas edad era una maquina juntando plata, no sé que me pasó en el camino…) y me demoré unos 3 a 4 meses en juntar el monto que quería. Por fin tenía el dinero suficiente para ir a una tienda y comprarme la chaqueta que yo quería. Un día con una amiga fuimos a una de las grandes tiendas y me compré una hermosa chaqueta azul con el interior color violeta marca Index que me costo la suma de $17.000 y me quede sin ni uno pero más feliz que perro con dos colas con mi linda chaqueta de jeans. Ella y yo éramos felices juntas, nos veíamos tan lindas con sus manguitas color violeta dobladas hacia fuera. Me acompañó a cuanta fiesta me invitaron, vacaciones, momentos superfluos de la adolescencia, momentos para olvidar, pero sobre todo momentos para recordar. Cuando entré a la Universidad ella aun seguía conmigo –tengo el don de cuidar y que me dure muchisimoooo la ropa- era aún mi gran compañera de vida, hasta que un día me porte mal, yo le falle, la deje botada en el suelo junto a mi mochila y me fui a bailar mas allá, la pobre estaba solita y se la robaron, si, me la arrebataron y de la forma más tonta posible, todo por mi culpa, esa noche mi gran castigo fue que casi morí de frio.
Ya pasado el trauma comencé a juntar dinero nuevamente, esta vez no me demore tanto ya que el dinero era menos escaso que en mi adolescencia, recuerdo que tenía un poco más de dinero esta vez. Pero por mucho que cueste creer no encontré ni una chaqueta en las grandes tiendas (Chile es, o era así, muchas veces cuesta encontrar la ropa mas básica del mundo solo porque no está de moda) así que me fui a las fabricas de Patronato a ver si encontraba algo. Recuerdo que andaba sola y estaba a punto de renunciar a mi búsqueda cuando entré a una tienda de jeans que yo jamás había visto en mi vida, era nueva al parecer (o se estaban yendo) y estaban sacando prendas de temporadas anteriores o saldos porque había poco de todo y era un completo caos, y ahí entremedio de todo ese caos encontré mi segunda chaqueta soñada, una linda chaqueta azul oscuro con cierre y forrada como una parka, era la mejor chaqueta de jeans para el invierno que se aproximaba y lo mejor de todo es que me costó tan solo $13.000 y días después por el grito de una compañera me enteré que era de una marca reconocida de jeans que son bastante caros (Kosiuko) y yo ni sabía. Esta chaqueta aún la tengo, me queda un poco estrecha eso sí, pero aún me queda. En este preciso momento esta guardadita en Santiago ya que como es invernal no tenía para que traerla al Caribe. Acá tengo otra…
… en mi closet caribeño tengo una hermosa y clásica chaqueta de jeans Gap, la cual tiene unos 5 años y me la compré cuando pololeaba con Eduardo y estábamos de vacaciones en Chicago. Un día de invierno acompañé a Eduardo a Gap a comprar un regalo y voila, la vi, estaba en las liquidaciones de verano y me quedaba como guante, además me la llevé por la módica suma de $20.00 y creo que es la que más me ha gustado en mi historia de chaquetas de jeans, ya que es de corte y color clásico y el material es realmente bueno ya que la pobre ha sufrido un uso desproporcionado de mi parte y esta como nueva, impeque!
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| Aquí la famosas chaqueta Kosiuko. |
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| Chaqueta Gap, LA favorita! |
Y ya que me he alargado tanto, para terminar razones más lógicas de porque me gustan tanto las chaquetas de jeans.
Primero porque creo que son atemporales, también porque le viene a todas las mujeres, no importa el color, el peso, la altura, a todas les queda bien.
Segundo, porque combinan con todo.
Tercero, porque él solo llevarlas te refresca el rostro.
Cuarto, porque es un clásico.
Y quinto, porque nos trae recuerdos de infancia, que mamá o papá, incluso ídolo musical no tuvo una que queríamos con todo nuestro ser.
(Las fotos fueron sustraídas de recuerdos añejos, por eso tan mala calidad)
Saludos!