Se preguntaran que porque me estoy quejando nuevamente y con cosas
caseras, y es que hoy he llegado a una larga y dolorosa conclusión, que
linda se ve la ropa bien planchadita!. Ustedes dirán que es algo lógico y
recontra sabido, pero bueno, yo me negaba a reconocerlo. Les cuento
por qué.
Durante mi niñez odiaba que se me arrugara la ropa, era tanto mi animo
de perfección anti arrugas que si tenía que estar de pie tan solo para
evitar las arrugas lo hacia (en ese tiempo era bien lady para mis cosas,
lo cual claramente cambió con los años). Por esa misma época yo veía a
mi abuelita planchando super mega feliz ya que decía que eso la relajaba
(lo hacia por gusto, no por necesidad) , así que cada fin de semana
que nos iba a ver ella solita se ofrecía y planchaba todo lo que había
en mi casa y que mi mamá había dejado para "mas tarde". Cada vez que
veía a mi mamá planchar era como si ella estuviera viendo Doctor Zhivago
una y otra vez, la cara de sufrimiento no se la sacaba nadie. Por lo
que de pequeña intuí que planchar era una tortura.
Ya en mi época juvenil jamas pero jamas planché nada, mi santa madre me
planchaba las blusas para el colegio (claro que hacia trampa y planchaba
bien solo la parte que se veía-si lees esto mamá sorry por echarte al
agua y recuerda que te amo mucho!) y la ropa de diario jamas en la vida me importó ni me fijé
si
estaba arrugada, de todos modos era adolescente y eso era lo que menos
me importaba. Luego estando en la Universidad mi mamá se rebeló y no nos
planchó nunca más nada (mi hermana menor comenzó justo en ese periodo a
usar polera en el colegio), lo cual yo creo que a mi pobre madre le sacó
un gran peso de encima, incluso creo que pensó en tirar la plancha por
la ventana.
Pero con esa misma rebeldía mi madre nos comenzó a comentar cuan
arrugadas estábamos, que si acaso no nos daba vergüenza salir así a la
calle, que parece que planchaste el jeans con un repollo y cuanta cosa
dicen las mamás, pero yo aún era joven y no sabía lo que hacía- o cuan
arrugada estaba. Pero comencé mi práctica y con ella el vestirme un poco
mas profesional y menos estudiante, por lo que tuve pequeños
acercamientos con la plancha, sobre todo para esa raya de al medio en
los pantalones de vestir, que dicho sea de paso jamas me quedó derecha, y
es que ese es el primero de los problemas: Que difícil es encontrar las
mitades perfectas en la ropa mientras uno plancha!!!, pero aún era joven y
saliendo de la práctica me olvidé nuevamente de la plancha.

Luego me puse a trabajar y tenía mis truquitos, compraba ropa no
arrugable o la colgaba en el baño mientras me duchaba y así con el vapor
de la ducha se estiraba un poco, pero en realidad para ser sincera tampoco le ponía mucho esfuerzo.
Al casarme una de mis políticas en el compartir las tareas de la casa
fue decir claramente YO NO PLANCHO! lo cual fue aceptado ya que yo creo
que Eduardo jamas planchó algo y siempre le plancharon toda su vida,
pero era tál como yo así que no le quedaba otra que sonreír. Recuerdo
una vez estando en Chicago Eduardo se atrasó severamente para una cena
de trabajo y tuve que ayudarlo y me tocó planchar una camisa, les juro
que casi lloré por tremenda tarea, y es que planchaba un lado y se me
arrugaba el otro, fue terrible, incluso Eduardo terminó de plancharla al
ver mi aturdimiento con semejante tarea. De ahí no agarre una plancha
hasta...
... ahora, y es que hace un tiempo (yo creo por la madurez jajaja) que
me está dando plancha no planchar (cacharon el chiste? jajaja), me da
vergüenza ajena ver a Eduardo y a mi salir a la calle no planchados, y
es que la ropa se ve tan bien cuando está bien planchada y ordenada,
sobre todo las blusas y las faldas ya que la otra ropa no se arruga casi
nada, excepto los jeans que requieren poca plancha. Y es que me pasa lo
mismo que con la
depilación, me gusta muchísimo el resultado pero no el
trabajo. Así que hoy fue mi primera experiencia más cercana y positiva
con la plancha, decidí planchar mis blusas y mis faldas. Debo de
confesar que me costó, pero le puse todo mi empeño y les debo de decir
que no quedó para nada mal, además que no me traumé, ni tampoco sufrí
(bueno si un poco de calor, pero acá ya no es novedad) y lo mejor de
todo es que todo quedó re lindo y me reencanté con una falda que tenía
por ahí botada y que planchada se ve tan, pero tan linda que yo creo que
mañana mismo la comienzo a usar de nuevo.
En conclusión he decidido comenzar a planchar mi ropa aunque no me guste
el trabajo,pero me gusta tanto el resultado que pienso que alguna vez
en un futuro podré cambiar el titulo de cosas que odio, a cosas que
hago con querer.
Saludos!
[Imágenes San Google of course!]