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viernes, 6 de diciembre de 2013

Ropa deportiva y otras divagaciones

Queridas y queridos mios, hoy nos convoca un tema que me encantaría saliera de mi corazón, pero sobre todo de mi gusto y esfuerzo por hacer deporte, pero no, sale desde la obligación y la obstinación.

Hace tiempo les conté que como buena gordita amorosa (no hay cosa que odié más que esas palabras, y si es pasivo-agresivo peor) me obligo a hacer deporte. Ya pasaron los tiempos en que fumaba y tomaba como energúmena y al otro día subía cerros como si nada. Esos días están más que lejos (aunque conservo las fotos como trofeos de guerra) y hoy ya no fumo, lo que tomo se traduce al tinto en las comidas y una que otra cerveza caribeña. Aún así tengo más kilos y menos aguante post fiesta, lo que atribuyo a los años de juerga y descuidos etílicos y alimenticios. Pero los años no solo traen achaques, sino que traen madurez (se supone) y cada día tengo más paciencia y empuje para hacer ejercicio.

Olivia se presentó sola en mi busqueda en google.

No comunicaré mis logros en el deporte (eso lo haré cuando cumpla el año y vea resultados positivos, espero) pero les puedo adelantar que voy hacia adelante, y a pesar de que cada día tengo que obligarme y agarrar mi trasero a dos manos voy sin falta a ejercitarme (aunque llueva o caigan rayos mi amol). Y cuando llego a mi súper grupo de zumba y/o baile afro me siento de lo más bien y quedo feliz de la vida. Lo que me compete hoy es la ropa deportiva, así de simple.




La primera vez que fui a una tienda a comprar algo específicamente deportivo vivía yo por tierras del Midwest gringo y me creía runner (que dicho sea de paso encuentro que es la palabra más  sobrevalorada y pasá a caca del último tiempo). Recuerdo que fui a Nike y me compré las zapatillas más baratas y no tan rascas que encontré, también me compré un sostén deportivo, porque a pesar de que tengo menos pechuga que la Knightley igual me incomodaban al correr. Debo aclarar que mi runner style duro menos que un candy.

Luego paso el tiempo y volví a mi actividad favorita, el yoga. A yoga con suerte llevaba mi mat con el súper bolsito hecho por mi, pero de ropa nada especial. Como siempre me he creído estilosa (ríase y búrlese el que quiera) me ponía lo que encontraba lindo y estiloso - y abrigado- más que algo ad-hoc a la practica. Lo único que me preocupaba era que no se me subiera la ropa cuando me ponía -trataba con resultados penosos- cabeza abajo. Tiempo después cuando me di cuenta que si no hacía ejercicio con suerte llegaría sana a los 30 me metí a la piscina, me compré un traje de baño cuestión obvia (y un bolso precioso estilo bowling que me encanta y obvio que compré por lindo).

Hasta ahí mis compras deportivas fueron por necesidad (las zapatillas y el traje de baño) o por lindas en su mayoría, como las miles de poleras Adidas Originals que tengo y que con suerte sirven para subir escaleras pero pucha que son lindas las condenadas. Jamás le había tomado el peso a la importancia de la ropa deportiva hasta que llegue al Caribe.

Llegué a la isla del encanto (pasando el dato turístico) y trate de correr nuevamente, cosa que fue un breve romance y nada más, aunque espero retomarlo en un futuro. Luego encontré que cerca de mi hogar hacían zumba y baile afro y ya no había como hacerle el quite al ejercicio porque además era gratis y caminable. Cuando comencé me dije a mi misma "esto es baile no más, con calor, pero baile al fin y al cabo" así que me puse las zapatillas (las mismas que me compré en Chicago) un buzo y alguna polera roñosa que tenía por ahí. ¡Ay como me equivoque! Primero de baile nada, y segundo el calor, el CALOR que se siente al hacer deporte en el Caribe es indescriptible. El buzo se me caía y la polera entre que se me subía y quedaba empapada como si me hubiera pillado la lluvia, lo único que servía eran las zapatillas viejas y el sostén deportivo (usado después de que con un sostén NO deportivo  se me saliera una pechuga en medio de un giro). Yo como soy porfiada, con suerte cambié el buzo por unas calzas que tenía por ahí, y como es de costumbre seguíamos con los errores, las calzas se me caían (y no por flaca, sino por viejas) las poleras con hoyos hacían pensar quizás que cosa de la niña que habla raro (o sea yo). Porque para que andamos con cosas aquí la gente es bien fashion-pintosos y todas mis compañeritas de punta en blanco con maquillaje resistente al agua y zapatillas a tono con la ropa y yo con poleras encloradas y/o con hoyos (como la h&m), zapatillas viejas y caracho rojo por el calor y la humedad. Sinceramente creo que les daba pena y estuvieron a punto se hacerme una intervención.

A pesar de todo lo que les conté aún no me caía la teja con la ropa, porque como yo soy apretá para algunas cosas me niego a comprar ropa para hacer deporte solo para verme bien si al minuto pareceré tomate transpirado (no así al revés que compro ropa deportiva que es linda pero no sirve para hacer deporte). Seguía haciendo ejercicios con mi ropa fea y rota y mis zapatillas viejas hasta que un día por cosas del destino compré en Gap una polera linda hermosa que pensé no era para hacer deporte pero me equivoqué, era ropa deportiva super ultra buena (eso era lo que decía la etiqueta). Se la trate de regalar a mi hermana y a mi mamá pero me mandaron a la punta del cerro, obligada me la traje de vuelta y la comencé a usar y me cambió la vida.

Bueno así como cambiar la vida no, pero hizo la GRAN diferencia y me hizo escribir esta entrada. La famosa polera es maravillosa: es cómoda, linda y lo mejor de todo es que se seca rápido y es transpirable. Ustedes comprenderan que aquí en el Caribe la humedad es altísima y hacer ejercicio es todo un cuento, además sumémosle la lluvia. Quedé tan encantada con la polera que me compré una segunda igual, además le sume unas calzas deportivas igual de buenas. Ahora soy una patuda con calzas pero es que llegué a la conclusión que son lejos lo mejor para hacer ejercicios porque son apretaditas entonces nada se arranca y con nada te enganchas (por lo menos aún tengo trasero de acero jajajá). Si pienso en las poleras rotas y feas o la que le sobró al peor es ná debo decir que nica vuelvo a ellas, pienso en lo realmente incomodas que son para hacer ejercicios, se corren y mueven, no se secan y además son feas. Mi conclusión con todo esto es que vale absolutamente la pena comprar ropa deportiva, quizás no la más cara ni un millón de prendas, pero por lo menos un par para ir rotando, no así con las zapatillas que según mis profundas y serias investigaciones* no está comprobado que alguna tecnología específica sea mejor o peor que otra. De hecho son las marcas y su afán publicitario las que nos hacen creer que una es mejor que otras porque científicamente está comprobado que lo mejor es correr descalzo y que entre más amortiguación exista es peor para el pie y el cuerpo completo. Por lo menos en el ejercicio en si, demás que algunas zapatillas tendrán mejor ventilación o mejores materiales. Lo que es yo ahora ando en busca de zapatillas y mi único requisito es que sean  lindas jajajá.

Ahora si usted señor-señora representante de marca de zapatillas me lee y me quiere regalar un parcito me vendo pero feliz y digo y cuento al mundo entero que su marca es la mejor y que el resto es lo peor y no saben ná de ná.

Saludos!

*Por profundas y serias investigaciones me refiero a papers de gran renombre científico que leo en mis tiempos libres con un monóculo en la biblioteca o sea programas del cable, tonteras del Lun, vídeos de Youtube pero sobre todo cosas serias que lee mi marido y luego me cuenta y yo engancho, lo último es veldá!

Imágenes San Google!

viernes, 1 de marzo de 2013

El ejercicio y yo.

Comienzo escribiendo esta entrada siendo lo más sincera posible (y como en los grupos de AA): soy espantosamente pajera. Si, soy floja pero del verbo floja para mover el cuerpo y hacer deporte, siempre lo he sido.

Cuando era chica era de las que les temía a la pelota y odiaba correr en el colegio, además el sistema escolar chileno como que no le pone mucho empeño en el incentivo deportivo a los niños y niñas, de hecho creo que casi que las pocas ganas las extinguen. De mi proceso escolar completo solo recuerdo un profe que nos incentivaba a hacer deporte y eran entretenidas sus clases ya que mezclaba el deporte, con el juego y la competencia. Uff pero solo uno en mis 12 años de escuela (tirón de orejas para mis colegas). Creo que alguna vez al comenzar mi adolescencia fui con un amigo a un gimnasio, les juro que le ponía empeño pero con la llegada de la adolescencia también llega la flojera por todo y deje de ir. Y eso fue mi único contacto con el ejercicio en mis años escolares, como ven casi nada.

Luego al entrar a la Universidad entre que dormía y comía poco y me pasaba todo el tiempo estudiando (y de carrete también, pa que negarlo) mi única actividad física era caminar por las calles de Santiago, caminaba mínimo dos horas diarias en modo rápido. Eso era lo único que hacia. Ahh y en el verano me iba a subir cerros y caminar por senderos perdidos pero no sé si eso cuenta en realidad. Un buen día tenía que tomar uno de esos electivos que nada tienen que ver con la carrera que uno estudia, y con una amiga-compañera nos inscribimos en "Acondicionamiento Físico". Como olvidar el primer día de clases y el miedo de que te destruyeran a punta de ejercicios y que te recordaran con tortura los años que no has movido ni un solo músculo (o eso era lo que decían las malas lenguas). Pero para mi mala suerte duré solo un día ya que la súper profe me echo ya que yo tenía un problema a la columna y yo me piqué (hasta el día de hoy lo sigo estando) y no fui más y termine por desechar ese ramo jurándole mi odio eterno jajaja. Luego de ese desplante mi vida siguió el curso normal de flojera que había llevado hasta el momento hasta que se me terminaba la carrera y tenía ese ramo pendiente, pero oh suerte mía, ese año comenzaron a dar Yoga como ramo electivo y me inscribí y supliqué que me lo dieran (vía soborno telefónico) y me resulto, me inscribí en Yoga. El primer día de clases fue revelador para mi, primero porque me sentí realmente bien físicamente y me pasó algo muy extraño no quería fumar, fue como una desintoxicación exprés. Durante un semestre hice Yoga y descubrí músculos que jamas en la vida pensé que se ocupaban, además de hacer cosas que tampoco pensé podía llegar a hacer. En resumidas cuentas me encanté con el Yoga, pero de ahí a que fuera deporte estaba bien lejos.



Años después viviendo en Chicago comencé a engordar casi que por respirar y obvio me comencé a desesperar así que comencé a correr, actividad que confieso no me gusta pero es gratis (en ese tiempo no tenía ni un dolar extra para gimnasio o clases de algún tipo). Corría a la orilla del Lago Michigan tres veces a la semana y me mantuve corriendo como 8 meses. 8 meses en los cuales vi que mi resistencia crecía y al mismo tiempo mis piernas y mi trasero se ponían más firmes. El problema es que odio correr y además lo hacía mal ya que corría poco pero muy rápido y el trasero a pesar de quedar mega firme me creció, y eso para variar me desanimó y no volví a correr más.


A las pocas semanas de volver a Chile y aún sin desintoxicarme de la mala alimentación gringa, se me ocurrió irme de trekking con mi peor es ná y un par de amigos. Una ruta nueva pero nada que no haya hecho antes me dije a mi misma, craso error, casi me morí en el famoso trekking. Lo hice completo pero llegue a oscuras al campamento base con ganas de matar a alguien y prometiéndome que no lo volvería a hacer nunca jamás en la vida. Al otro año lo hice de nuevo y en un tiempo record (venganza para mi). Ahí fue que en mi cabeza comenzó a sonar la idea de que tenía que si o si hacer un poco de ejercicio y ser más constante.

En el tiempo que estuve en Chile (1 año y medio) comencé a hacer Yoga nuevamente. Hice Yoga por lo menos por un año 5 veces a la semana, lo cual para mi fue y ha sido todo un logro. Logre hacer cosas que ni en mis mejores sueños pensé que podía hacer (como hacer posiciones invertidas) y también hice por un periodo Spinning acuático que es una actividad bien power pero maravillosa ya que como es en el agua no duele tanto y al mismo tiempo te relaja. Eso me ayudo también a poder aprender a esquiar y a hoy en día practicarlo con mucho gusto.



Pero cuando me vine a Puerto Rico me quede sin Yoga ni Spinning y no me podía permitir estar sin hacer ejercicio (les diré que soy floja y sufro pero tonta no soy y es un deber para mi hacer algo de ejercicio) así que comencé a hacer Yoga por mi cuenta y un día a la semana con una profe que conocí en el edificio donde vivía antes y comencé a correr algunos días en un parque cercano. Pero no duro mucho. El problema de esto es que me he dado cuenta que no puedo hacer ejercicios sola, porque como soy una floja rematada tiendo a no ser estricta y no soy constante entonces termino no haciendo nada de nada. Hasta que me cambie de depto. En Octubre nos cambiamos a un depto que está practicamente al lado de un parque que es para correr y andar en bicicleta. Un día caminando por ahí vi un cartel que decía que hacían Zumba dos veces a la semana, llame y me inscribí, al otro día fui a mi primera clase. Y eso es lo que hago hoy, Zumba dos veces a la semana, mezclado con Tabata, y un día de baile Afro. No saben lo bien y lo feliz que me ha hecho, no les voy a mentir, sufro un montón porque el profe nos saca el jugo, sobre todo a la gente joven que podemos hacer de todo, pero sobre todo porque lo paso bien, me río, me gusta quedar energética y me relaja un montón hacerlo. Hoy comencé a nadar por las mañanas. Mi peor es ná siempre ha nadado y para nuestra suerte hay una piscina olímpica municipal en perfecto estado cerca de nuestra casa que pocos usan y él me esta enseñando a nadar con técnica (porque yo nado pero a lo Ceci style no más) y les puedo decir que quedé feliz en mi primer día de practica.



En conclusión, y es porque escribí esta entrada, puedo decir hoy que a pesar de que no soy deportista de espíritu, y sé que nunca lo seré, de que me cuesta, de que hay cosas que odio como correr, de que jamás podré poner esa cara de felicidad absoluta que ponen algunos haciendo ejercicios (deportistas de dna creo yo) y de que lucho día a día para convencerme de que tengo y que es importante hacer ejercicio lo hago igual, cada día le gano una batalla más a la flojera.

Saludos!

P.D.:Sigo subiendo cerros, sigo cargando pesadas mochilas por horas y horas, sigo acampando en lugares sin baño, luz ni agua potable. Y si, sigo preguntandome en la mitad de esas aventuras porque cresta estoy ahí pero año tras año lo sigo haciendo de nuevo.

(Imágenes San Google of course o pensaron que era yo? jajajaja)